Tormenta eléctrica - vivir con epilepcia.


Foto. Lalovenenoso


Durante una limpia energética, las dos mujeres chamanas que estaban guiando la ceremonia estaban impactadas con la cantidad de energía que me rodeaba la cabeza. Se tardaron varios minutos tratando de neutralizarla, sin lograr ni un avance. Empecé a sentir que se estaban esforzando mucho sin lograr disminuir la energía, y que poco a poco se empezaban a desesperanzar.

“Tengo epilepsia, ¿no será por eso?” Les pregunté, y escuche como suspiraron con alivio e hicieron ruidos comprensivos.

Al terminar la sesión me platicaron que ellas creían que mi epilepsia era una manera en que se estaban manifestando mis dones de médium. Si, médium. Leíste bien. Esas personas que se comunican con los muertos. Cuando me dijeron esto me quedé pensando, y de cierto modo, lo que vivo día a día podría llegarse a interpretar como si tuviera la habilidad de comunicarme con los muertos.

“¿Escuchas voces? ¿Vez alucinaciones? ¿A veces sientes que hay alguien parado atrás de ti?” me pregunta mi doctora en una de mis primeras consultas. A todo contesto que SI.

La epilepsia es una condición en el cerebro, donde la transmisión eléctrica entre neuronas es irregular, es decir que puede llegar a tener cambios bruscos en la frecuencia. Digamos que el cerebro se traba como una computadora y necesita reiniciarse. Para reiniciarse, en algunas ocasiones al cuerpo le da un ataque epiléptico, o en otras palabras, una convulsión. Se cree que la causa es por una anormalidad en el cerebro, o es una secuela de un golpe fuerte en la cabeza. Aun así la mayoría de las veces no se sabe bien cuál es la causa.

Durante una época de mi vida viví intentando convencerme de que seguramente solo era mi imaginación y que yo misma me estaba inventando todo. En algunas ocasiones llegué a pensar en la posibilidad de que alguien del más allá se estaba tratando de comunicar conmigo, pero para ser honestos, la mayoría de las veces tenía miedo de que pudiera estar padeciendo de esquizofrenia. Afortunadamente ese no fue el caso, y la condición que me diagnosticaron fue la de epilepsia.

“Que debo de hacer cuando te suceda un ataque?” Es de las primeras preguntas que me hacen cuando les platico a las personas sobre mi enfermedad. “Nada” Les digo, “Ni se van a dar cuenta cuando me esté sucediendo.” El tipo de epilepsia que tengo se llama epilepsia parcial.

En la epilepsia parcial lo que sucede, a diferencia de la epilepsia comúnmente conocida, es que las irregularidades eléctricas suceden solamente en un área específica del cerebro, sin necesidad de que la persona se desmaye. Es decir que puedo estar haciendo cosas cotidianas mientras que una parte del cerebro intenta reiniciarse.

A mi me gusta imaginarlo como si mi cerebro fuera una nube, y tuviera constantes tormentas eléctricas en una zona específica. Dependiendo donde se ubiquen estas “tormentas eléctricas”, las personas que padecen de epilepsia temporal pueden llegar a tener una gran variedad de síntomas. En mi caso, suceden en el lóbulo temporal derecho. Es decir arriba de la ceja derecha. Ahí se manejan las emociones y los sentidos. Es por eso que cuando me da un ataque, mis sentidos de la vista, el olfato y el oído se distorsionan. Pero como si no fuera suficiente el hecho de que escucho voces, veo cosas que no están ahí y hay veces que me siento acompañada cuando estoy sola. Mi epilepsia puede llegar a controlar cómo me siento sin que me de cuenta. Como por ejemplo puedo llegar a sentir explosiones de euforia, profunda tristeza, o el que menos me gusta compartir, ataques de enojo sin razón alguna.

Es muy difícil explicar cómo se sienten estos cambios de humor. Pero una manera en que podría explicarlo, sería como si las emociones fueran corrientes de agua, como las que hay en el mar, y yo estoy flotando con los ojos cerrados entre ellas. Sin darte cuenta estas corrientes te empiezan a llevar a otro lugar y solamente cuando abres los ojos descubres que estás en en medio del mar, muy lejos de la playa.

Justo eso me pasó cuando mi mamá tuvo que hablar con mi neurólogo a mis espaldas. Le pidió que me cambiara  la medicación, ya que lo que estaba tomando me hacía actuar de manera muy violenta, y al parecer no estaba funcionando. Cuando me enteré de esto, yo estaba muy confundida, porque no me había dado cuenta de la intensidad de mis emociones. Yo pensaba que simplemente había estado de malas, pero al parecer mi epilepsia me había hecho sentir emociones aún más fuertes de las que yo estaba siendo consciente.


Hoy en día hay varias cosas que me cuestan trabajo aceptar; como el hecho de que probablemente voy a tener que estar medicada por el resto de mi vida, o el miedo a perder a las personas que más me importan por no tener control de lo que siento y la manera en que lo expreso. Pero al mismo tiempo me siento muy agradecida y aunque suene extraño, me siento afortunada de vivir con esto. Creo que la parte de mi que más admira la gente que me rodea es la manera en la que he aprendido a vivir con esta enfermedad. Soy una persona muy directa y sin filtro, qué vive sus emociones muy intensamente, gracias a esta combinación soy una persona honesta y valiente, expreso lo que siento sin importar lo que piensen los demás.

La epilepsia me ha dado el empujón que necesitaba para ser una versión de mi más transparente, más libre, sin máscaras. Además, también me ha aportado una gran fuente de inspiración para mi arte y mis ilustraciones. Mientras más leo sobre la epilepsia, más voy descubriendo personas que están viviendo lo mismo que yo, y que dejaron una gran huella en el mundo, sobre todo en la historia del arte.

Espero que algún día, al igual que ellos, pueda aportar algo positivo a la humanidad, de la mano de mi demonio, la epilepsia: mi tormenta eléctrica.