C.Tangana es el nuevo Dalí.




Con el permiso de la directora  de esta publicación voy a cagarme en el ídolo. Sí, voy completamente enserio. Realmente encuentro semejanza entre estos dos. 

Me apuesto un brazo (y no lo pierdo) a que los dos les dijeron a su madre un día desayunando “mamá, voy a hacerme de oro, vas a flipar”.

Creo que puedo hablar de C Tangana con cierto conocimiento, escuché las maquetas que nos regaló cuando era un chaval (yo también lo era), y poco a poco he ido escuchando todo lo que ha sacado. Y jamás lo admitiré fuera de la seguridad que me da mi seudónimo, pero he bailoteado el “Mala mujer” en las fiestas de un pueblo.  #hypeisreal #itwasfun

Y considero que puedo hablar de la obra de Dalí porque tengo sentido común, ojos en la cara y he cursado historia del arte en varias ocasiones en mi vida. Todas con bastante asquete.

La obra de Dalí tiene su gracia: al principio impacta porque es “tan (su)real(ista)” luego porque alguien te explica el significado de  la palabra onírico y por último un click en tu cabeza te hace darte cuenta de que Dalí, su obra y toda la farándula que le rodea es un truñaco, que ni está bien compuesto ni tiene ningún sentido. A partir de ahí empiezas a disfrutarlo de otra manera y si tienes suerte habrás sido tan rápido como para no haberte comprado merchandising. Eso sí, el recetario es una cosa bonita y creo recordar que el tarot también está bien.

En el mismo pueblo donde bailoteé Mala mujer también visité el museo de Salvador y creo que me reí más en el museo. Tendría que pensarlo un rato.

Dalí dejaba de hacer el estúpido al llegar a casa y seguro que Pucho deja los dientes de oro en la bandejita al lado de las llaves cuando cierra la puerta.

Y la única diferencia conceptual que encuentro es que Pucho nos lleva diciendo años que va a forrarse y la verdad es que me alegro. Cada uno en su lugar.


Aglet dee.

— escéptico mediocre

(Empecé esta  columna en octubre de 2017, pero la perdí en las notas del móvil…Bien.)